Aguas turbulentas
Milagros Rubio
( 1 – 10 – 2007 )
Miembro de Batzarre y concejala de NABAI en el Ayuntamiento de Tudela
La dimisión de Iosu Ion Imaz y el desafío de Ibarretxe al Estado, hacen correr ríos de tinta cargados de una corta visión electoralista que estereotipa las reflexiones. El telón de fondo electoral y la fatídica existencia de ETA, contaminan cualquier propuesta y posterior debate. Faltan posiciones de fondo, sosegadas aunque apasionantes, concretas pero lo suficientemente abstractas como para remontar vuelo más allá de cualquier coyuntura inmediata. Es preciso hablar con independencia de intereses propios y de sigla, aunque las palabras que se digan no satisfagan del todo a nadie de quienes quieran salir a hombros del ruedo en la próxima tarde electoral y levanten las iras de quienes entienden la cólera como única dialéctica.
La sensibilidad de Ibarretxe para contar con la opinión de la ciudadanía vasca, no se corresponde con su intolerancia ante consultas democráticas municipales como la que hubo en Zornotza dirimiendo la negativa ciudadana a la instalación de una central térmica. Lo cual, ya nos hace dudar de que lo que auténticamente busca Ibarretxe, sea dar la palabra a la ciudadanía. Con respecto a lo que para él es la auténtica consulta, es decir, con respecto a su desafío político, dijo primero Ibarretxe que sólo habría consulta en ausencia de violencia; luego, que la habría con ETA o sin ella, y ahora llega el anuncio, llueva o salga el sol, de que habrá consulta con fecha fija. ¿A qué responden estos cambios? Al camaleonismo al que nos tienen acostumbrados buen número de políticos, a la búsqueda, acertada o no, de la hegemonía electoral. Si en un momento determinado todo apuntaba hacia unas negociaciones que pudieran llevar al final de ETA, en el juego electoral podía contemplarse el escenario de no violencia como el adecuado para “la” consulta; si en otro momento dado las negociaciones fracasan y ETA sigue actuando, no es cuestión, al parecer, para Ibarretxe de perder oportunidades electorales. La pugna por el voto abertzale existe con o sin ETA. Ibarretxe hoy es lehendakari, pero en este asunto, al igual que otros presidentes, se comporta como candidato.
Pero la cuestión tiene más calado. Al margen de las elecciones, y de la diferente posición con respecto a la actividad de ETA, en la pugna por la supremacía del voto abertzale, el plan Ibarretxe, Batasuna y, en general el mundo abertzale, buscan el mismo ángulo: patriotismo, frentismo con su correspondiente riesgo de fractura social, exclusión de “la otra mitad” de vascas y vascos en “la solución al conflicto”, y, por supuesto, como ingrediente principal, victimismo frente al Estado. Hasta hace casi nada, cualquiera hubiera podido pensar que tal visión era consustancial al propio nacionalismo vasco, parte de su esencia. Sin embargo, el paso de Iosu Ion Imaz por la presidencia del PNV, ha sido una gran aportación para comprender que quizás pueda haber un nacionalismo moderno menos excluyente. Dejo para otro momento este interesante y difícil debate. Pero me quedo con dos cuestiones: una, que en el PNV hay posiciones más democráticas, como las de Iosu Ion Imaz que, a pesar de ser el evidente perdedor del momento, no habrá estado sólo; otra, que el PNV como tal, no está hoy a la altura de los cambios que proponía Imaz. Si la propuesta de Ibarretxe ha ganado, será porque está más cerca del nivel del PNV de hoy.
Y más: la propuesta Ibarretxe cabe, porque desde los poderes centrales no se ha abordado en profundidad la especificidad social y política vasca. El reiterado “derecho a decidir” del mundo nacionalista, anclado en un lenguaje e ideario esencialista, que conlleva una distinción entre los “vascos-vascos” y los menos vascos si no tienen necesidad de decidir autodeterminarse, tiene su soporte en otra suerte de nacionalismo españolista y en una rigidez “constitucionalista”, que lejos de abrirse al debate, los cierra con esquemáticos y dogmáticos constitucionales portazos. No voy a perder espacio ni tiempo comentando las obsesivas y autoritarias posiciones del PP. Sin embargo, más allá de siglas concretas, la negativa sistemática de los diferentes partidos que se alternan en el Gobierno español a abordar algunas cuestiones específicas del autogobierno vasco y de la situación del vasquismo en Navarra, y la cerrazón a una reforma constitucional que tenga más en cuenta la realidad plurinacional del conjunto de España, además de ser en sí misma un déficit antipluralista, alimenta el victimismo nacionalista.
Uno y otro nacionalismo, el periférico y el central, se afanan por la supremacía entre ellos en los correspondientes espacios en que operan, ajenos a la necesidad de establecer relaciones más complejas e integradoras. Relaciones que, ante todo, traten de integrar todas las sensibilidades identitarias y busquen y encuentren acomodo en cualquier territorio para quienes se identifican con el nacionalismo que gobierna y para quienes no lo hacen. Por supuesto que es muy difícil y probablemente imposible buscar un punto de encuentro plenamente satisfactorio. Pero cualquier solución pasa por intentarlo. Y cualquier intento pasa por un reconocimiento recíproco de la otra sensibilidad. En el País Vasco, el nacionalismo gobernante debe reconocer a las ciudadanas y ciudadanos vascos- españoles, tanta titularidad vasca como a quienes comparten el soberanismo abertzale, no sólo con algunas palabras, sino también en sus planes, políticas y proyectos. En Navarra, el vasquismo debe reconocer sin titubeos la realidad política de Navarra como comunidad política diferenciada, y a su vez ese mismo vasquismo ha de ser reconocido por el navarrismo español en su política gubernamental. En España, a las sensibilidades identitarias representadas por los nacionalismos periféricos, ha de buscárseles encaje constitucional. Para todo ello, en cada territorio, habrá que forjar un pacto de convivencia que es incluso previo a cualquier planteamiento político, muy anterior a cualquier plan Ibarretxe o a cualquier manifestación navarrista en búsqueda de fragmentación social. La búsqueda de perfiles culturales fronterizos, que actúen de integradores sociales, el principio de reciprocidad que permita el reconocimiento de la legitimidad de las diferencias y su respeto por todas las partes, puede contribuir a trazar el camino en la búsqueda de unos fundamentos comunes que sirvan de sostén a la convivencia. Un camino que tendrá después que aterrizar en pactos que regulen acuerdos y diferencias y al que deberían sumarse con lealtad las representaciones políticas de las diversas sensibilidades.
Hoy por hoy nos falta una cosa y nos sobra otra para emprender con éxito el camino trazado. Nos faltan políticos con apoyo en los grandes partidos nacionalistas vascos y españoles, que puedan liderar ese proceso y se atrevan a abrir procesos críticos y autocríticos en sus propias organizaciones, procesos que puedan conducir a los complejos pactos dibujados en el párrafo anterior. Iosu Ion Imaz lo intentó sin éxito en el PNV. A su vez, Zapatero hubo un tiempo en que parecía iniciar un tímido acercamiento a posiciones más abiertas. Por distintas cuestiones, ninguno de los dos está conduciendo a su partido en esa dirección en el momento presente. Pero, en positivo, podemos decir que han sido aproximaciones que no habían tenido lugar en los años anteriores. Nuevos escenarios pueden favorecer que reflorezcan.
Lo que nos sobra, es evidente. Además de la rigidez, los dogmatismos y esencialismos desde cualquier ángulo, nos sobra ETA. Y el panorama no da para optimismos al respecto. La revisión autocrítica del abertzalismo en general y de la izquierda vasquista y abertzale en particular, y un claro compromiso de solidaridad con las víctimas, contribuiría a clarificar dónde está cada cual y a que ETA sepa con claridad que nadie quiere su pretendido tutelaje a cambio de nada. La injustificada existencia de ETA conlleva dolor, sufrimiento, terror. Pero también es un estorbo políticamente hablando, que mediatiza cualquier debate, cualquier acuerdo, cualquier reflexión y, por supuesto, cualquier consulta al estilo Ibarretxe. Esto no quiere decir que si ETA desapareciese, el camino a trazar para atemperar la situación política vasca sería fácil. Me remito a lo ya dicho al respecto, pero sí quiere decir que con ETA actuando todo es más difícil y envenenado. Si le añadimos que la propuesta de la que hablamos puede dar alas a los supuestos argumentos políticos esgrimidos por ETA para atentar, el veneno aumenta.
Todo ello es indispensable tenerlo en cuenta, para poner un grano de cordura en las aguas turbulentas de nuestra política.
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Esta es una de las canciones más bonitas que he oído nunca. Es una canción tradicional gallega interpretada en este caso por el grupo Milladoiro.
Jose Saramago (Escritor): El "otro" también soy yo
15-01-2007
Foto: Karlos Corbella
La opinión de Jose Saramago sobre el acuerdo
La humanidad nunca ha sido educada para la paz, sino para la guerra y el conflicto. El «otro» siempre es potencialmente el enemigo. Llevamos miles y miles de años en esto. Así, en una conferencia escuché una vez una frase que tiene sentido: «El otro existe, soy yo, porque también somos el otro del otro». Estoy de acuerdo.
Por ello, trabajemos desde la palabra, otorgada a todos sin vacilar, siempre que las armas estén lejos de la mesa. Al final, entre todos se habrá de encontrar un pacto de convivencia en el que nada está escrito, donde quepa todo, incluso la independencia, porque el futuro siempre es incierto. Ahora bien, en cualquier caso, a mí no me compete inmiscuirme.
De hecho, el País Vasco tiene una situación que algún día debe resolverse, ya que no está condenado a vivir eternamente en este clima de violencia y desencuentro. Habrá momentos en que parezca que todo retrocede, pero este proceso, también hoy, es irreversible. Y más irreversible será cuanto más lo reclame la sociedad vasca. Todo el mundo sale a la calle, pero es la sociedad vasca quien debe tenerlo claro y decir: «Esto tiene que resolverse». Para poder vivir en paz, para poder decir que no tenéis miedo a un atentado, para dejar de sufrir las consecuencias indirectas porque justo estaba allí al lado donde recibí el fragmento de una bomba.
Ahora bien, no tengo razones concretas para ser optimista porque no estoy dentro. Estoy fuera y a lo mejor estoy confundiendo el optimismo con el deseo real que tengo para que esto se acabe algún día. En definitiva, lo que termine escribiéndose en un papel será el acuerdo, como consecuencia de debates y diálogos, también con el «otro», que también soy «yo».
(Texto escrito antes del atentado del 30 de diciembre en Barajas)
La fanfarre Tirri Tarra de Pasaia junto al Orfeón Donostiarra y el grupo de cuerda Et Incarnatus dieron una serie de conciertos en las 4 capitales vascas. Aquí unas imágenes del celebrado en Bilbao, en la explanada del Gugenheim.Es de los mejor que he oído en mucho tiempo, diferente y atrevido. Déjate llevar por las sensaciones y disfruta.
El sábado día 22 de julio estuvo Joao Afonso, el sobrino de José Alfonso en la biblioteca de Saramago en Tías -Lanzarote-. Allí coincidió el grupo de artistas que visitaba la isla con motivo del concierto de Luis Pastor y su nuevo disco Duos. Fue una reunión íntima que terminó acariciada por poemas y canciones.